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SOSTIENE GARCÍA
de Emilio Arnaiz

 
Sostiene García, (¿era él o ella...?, nunca se supo) que todo fue muy rápido, fugaz, ¿sin sentido ...?.

Sostiene que, aquel día, el alba no despertó, ¿luna o sol?, se preguntó, que no vio el mar, como cada mañana, ni, como marcaba su rutina, orinó, ni se lavó los dientes, ni se duchó, no tomó un café corto de agua, y ni siquiera, como marcaba su rutina, se enjuagó la boca después de no haber desayunado.

Sin embargo, sostiene, que aquel día había algo brillante, lejos, en el exterior, fuera del alcance de su materia, que le hizo pensar en esas noches sin forma, tan intensas, llenas de ella (¿o era él ...?), de su presencia, inquietante, sugerente, espiritual, sensual, que, en realidad, nunca lo fueron, porque sostiene, que sólo existía en su imaginación, en su soledad, en sus silencios, aunque sus detractores decían, haberle visto varias veces, escuchando el mar, en el espigón del lado oeste de la ciudad, una ciudad sin volumen, desnuda de atmósfera, perfumada con buenas dosis de indiferencia, tan triste y gris, como el humo que no aparece en las casas de los pobres, o como la mirada falsa, la sonrisa falsa, (miedo, cobardía, autoconvicción), la felicidad falsa del que nunca luchará por desenmascararse.

... algo brillante, sostiene, que apareció al anochecer o quizás fue al amanecer, cuando rompieron las olas sobre los instintos, apareció, y aunque sostiene que nunca, repetía, nunca lo hubiera hecho, o lo hubiera querido hacer, lo cierto es que, lo cierto ... es que lo hizo, lo hizo, ideas preconcebida que se desmoronan, se llenó de aquel brillo hasta embriagarse de pasión, estado de locura que se disuelve, como lágrimas en un charco, pisadas, ignoradas.

Pues sostuvo que, ella (¿o era él ..., nunca se supo), su vía de escape, de comunicación de lo incomunicable, de realización de lo irrealizable, de liberación de sus sentidos, de sus sentimientos olvidados, sostuvo que, una mañana (¿o fue una noche ...?), una mañana sin luna, una noche sin alba, desapareció, desapareció.

Y sintió una sensación extraña, amarga, amargura, soledad en su soledad, una especie de ... ¿vacío electrónico?, ¿desconexión entre la mente y el cuerpo?, ¿entre el alma y lo tangible? ¿lo espiritual y el placer?, algo así como datos repletos de sensaciones ocultas que mueren, como si algo o alguien cortara bruscamente un cable, con unas tijeras de podar y dejara sin conexión al otro lado, una caída al vacío, una transición brusca del todo a la nada, sostuvo, a la nada de su despertador que sonó varias veces, para recordarle el retorno del Más Allá a su rutina, el retorno de la transparencia a la bruma, una especie de desconexión entre el blanco y el negro, la noche y el día, el desierto y el Nilo, la vida y la muerte, el tacto y la ausencia.

Sostiene García.

 

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