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ROM-BEIJ-MELG
de Emilio Arnaiz

Roma, alrededor del 1400, Dinastía Ming.

Miro desde el Cielo. Centuriones alados han descubierto los decorados de cartón-piedra y se ha desvelado que la Ciudad Prohibida no fue destruida por las llamas. Por ello, el despertar de los sentidos continuaba presente, como las verdaderas historias de amor que nunca llegan a ser, que permanecen al paso de los siglos.

La confusión fue el primer síntoma y luego, como siempre y despiadada, la ira, o peor aún, el desprecio, o peor aún, la indiferencia.

Nunca estuve en Roma, aunque algo sabía por las enseñanzas del maestro Chung Sie en sus clases de Historia Evolutiva. Tampoco lograba ubicarme bien en aquel momento tan lejano a mí, en que ocurrió el desencanto. "La magnífica Roma", se lamentaba, "hoy desconcertada por la coca-colonización, invadida por los repartidores de pizza a domicilio. Mientras Beijing", continuaba, "se resguarda en sí misma como un caracol multicolor". Y realizaba enigmáticas analogías entre ambas sobre su fisonomía, que yo nunca llegaba a comprender.

Me encontraba pasando unos días en Beijing, cuando conocí a Li Yung.

Siempre he creído que al menos, tenemos la imaginación para hacer realidad en letras, todo lo que la vida no nos quiere conceder. Es nuestro don de la ubicuidad para los deseos.

****************

San Pedro del Vaticano, destruido definitivamente por el acoso de sarracenos y lombardos, parecía querer revivir. Nicolás V, ordenó la búsqueda de un virtuoso de la arquitectura para su reconstrucción. Crónicas que recogí antes de dejar la vida, escritas en manuscritos del archivo de Simancas, aludían a la existencia de un arquitecto o similar, de origen castellano, al que se le atribuía en un mismo momento del tiempo, la construcción de grandes espacios en Roma y Beijing.

Se llamaba Li Yung que para mí significaba, "tacto de lluvia", pues aunque no fuera verdad, toda ella era suave tacto, en su mirada, en su sonrisa, en su piel. Le escuchaba narrar y narrar, con su dulce voz apasionada, como procedente de una dimensión lejana a mi realidad. Eran días de gris y lluvia casi imperceptible, narraba una historia inverosímil pero que contada por ella, podría haber ocurrido en cualquier lugar, en cualquier época.

"... y aquella persona, procedente de tu tierra, que había iniciado la reconstrucción de San Pedro del Vaticano, sufrió un cambio en su destino que le condujo a Beijing, después de jornadas de camino, en donde el Emperador Ming le encargaría construir la Ciudad Prohibida", me dijo, "sufrió una pasión irrenunciable, por una mujer china de ojos trazados por el azar, que conoció en Roma durante la visita del séquito del Emperador, un amor sin distancia".

Uno de los manuscritos que encontré situaba el nacimiento de aquel castellano por las referencias escritas en él, en un pueblo al norte de Castilla, seguramente entre Palencia y Burgos y asimilaba el origen de sus pensamientos y raíces, al sentido de sus diseños arquitectónicos: "... lugar cruzado por un río y chopos, austero, sencillo y sabio, de donde se inspiró para transmitir el espíritu que casi imperceptible,envolvería la atmósfera sensitiva de la Ciudad Prohibida", leí.

Li Yung, al mirarme, siempre me sonreía, me hacía sentir la intensidad del reencuentro de algo que no podía comprender. Me dijo:

"La pasión es extraña, aparece e incierta, desaparece, extraño destino, irresistiblemente atractiva y fugaz, como el color intenso de la tarde, imprevisible y en un instante, justo antes de consumirse, justo antes de morir, eterna.

Y así lo sabía el Emperador de aquella Dinastía. En el horizonte austero de su Palacio, sólo caben la sabiduría y la pasión. Y así lo sabían sus amantes, las favoritas, sus concubinas y la Emperatriz. Se sentían sobrevivir en el halo protector de su poder terrenal. Sus miradas flotaban por encima de la lejana realidad, ¿por qué sufrir? y sus bellos cuerpos se hacían ignorantes a todo, se desvestían, se transformaban y se daban, en toda su plenitud, en un instante de deseo rojo, de porcelana irrompible, en un instante en que se hacían eternos, eternos y blancos de luna".

El porqué de su muerte no se especificaba en aquellas crónicas. Es probable que no importara, que muriera de viejo, de pena o se suicidara quizás, o simplemente, que muriera de puro olvido.

**********************

"Al atardecer, el Emperador se quedó labrando el campo vecino a Palacio, durante media hora, con arado de oro y marfil, invocando la bendición del Cielo y la Tierra, arrepentido".

Nunca he estado en Roma, aunque sé que reluce sabiduría. Me quedé sentado junto al obelisco de la plaza Tian An Meng, mientras ella se alejaba. Hace unos minutos que Li Yung se ha despedido de mí y sin dejar de sonreír, ha desaparecido entre la bruma, a través de la puerta que da acceso a la Ciudad Prohibida. Sin su presencia, he vuelto a mi normalidad, a mi sensación de que el tiempo pasa, sin casi percibirlo. En el final de nuestro encuentro, me dijo que aquella historia se había transmitido durante siglos de boca en boca entre sus antecesores, que fue la historia de una antepasada suya, la Concubina favorita del Emperador Ming, decapitada - ira, desprecio, indiferencia - poco después de que se descubriera su amor por aquel castellano que trazara a Roma y Beijing como ciudades abiertas a la sabiduría, la austeridad y la pasión, igual que el campo en el que nació.

También en el adiós me dijo que, antes de morir, la Concubina escribió en un papel su sentimiento en letras imborrables, lo hizo llegar a manos del castellano y que sus descendientes, médicos, campesinos, cruzados, ilustrados, pobres, bandoleros, terratenientes, literatos, maestros, alcaldes, arruinados, comerciantes e ingenieros industriales, lo guardaron para siempre, por lo que seguramente, permanece escondido en algún lugar de aquella tierra lejana.

*********************

Meses después de mi estancia en China, viajé a Melgar de Fernamental, pueblo en el que nació mi padre, con la intención de pasar unos días de finales de Agosto, cuando el verano refresca.

Durante el viaje, me vino insistentemente el recuerdo del baúl del desván de la casa, vigilado por telarañas y que durante mis años de juventud, habían permanecido cerrado a mis ojos de niño asustado.

Aquel día de mi llegada, subí como transportado al desván de la casa y abrí aquel baúl que tantos años había visto cerrado y vigilado por telarañas. La luz de las rendijas lo hacían relucir entre el polvo de los años. Lo abrí lentamente, lentamente, crujían las oxidadas bisagras, crujía la madera carcomida. Encontré en él un casco atravesado por una bala, ciertos libros antiguos de medicina, ropa de otro siglo y ... un trozo ajado de papel amarillento, que casi se desmenuza entre mis dedos. Al desdoblarlo, no dejaba de pensar en Li Yung, en su cuento, en su historia, en las coincidencias que no pertenecen a la casualidad, latidos rápidos, silencio, luz y tenía la absoluta seguridad de que aquel papel que se deshacía, contenía las palabras de adiós de la Concubina, que aquel castellano fue algún antepasado mío en extraño olvido, que mi vivencia en Beijing había sido el reencuentro de uno de esas pasiones que el hombre no dejó ser y que por ello, había permanecido inalterable al paso de los siglos ...

... finalmente y a pesar del estado del papel, a pesar del estado de mi deseo, de las letras disueltas, logré descifrar lo que allí ponía:

"Melgar de Fernamental, playa y clima ideal".

*********************

Me he probado el casco agujereado, no me sienta mal y he escrito a continuación de esa especie de eslogan para turistas que nunca han conocido el calor y el frío de nuestra tierra o su lejanía del mar, un final para este cuento de distancia casi imposible: "Vuelve a tu tierra libre y encuéntrame allí, en forma de viento", firmado por Uan Yung, que seguramente significa, "tacto de viento", o algo así.

He vuelto a guardar el papel en el baúl, a salvo de los intrusos, de los que no comprenden la intensidad de los sueños ni creen más allá de su realidad, protegido por un irreductible ejercito de telarañas, esperando que un día algún hijo, nieto o biznieto lo encuentre y consiga descifrarlo.

Es posible que la vida sea una ironía, un capricho del destino, una burla sana si la aceptamos tal como es y nos reímos de ella, una historia que, sin embargo, podemos reconstruir nosotros o al menos y sin que nadie nos lo impida, rehacer con nuestra imaginación.

*********************

Es el atardecer y me encuentro paseando por la ribera del río Pisuerga, entre los chopos. El sol, al fondo, es una esfera de rojo sangre sobre el campo. Ha salido ya el cierzo, el fresco intenso que ha esculpido a las gentes de esta tierra de una serena austeridad, sabia.

© Emilio Arnaiz

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